El cuerpo como soporte ha encontrado en las joyas un complemento perfecto. No sólo se ponen encima, también han pasado a forma parte intrínseca (ver recuadro). Tipos que no pueden pasar en silencio un detector de metales, modas onomatopéyicas, cuerpos que se mueven al ritmo del bling bling.
“Comprarme bling blings y perrear con ellos en una fiesta. No mames, cabrón. Chav, con tus súper deportivas, camperita Nike, tishirt de beis y el pecho sonando bling bling. Un video con toda la vaina en iutub muestra mi valor, pinche, cabrón”.
Estas son algunas de las frases que se pueden encontrar en la web tratando de averiguar de qué va esto del bling bling, wey.
Básicamente la estética bling bling consiste en la ostentación de la riqueza. Más allá del uso de la joya en la búsqueda de cierta imagen de belleza, en este caso lo que se pretende es provocar en los demás un impacto a partir de la sobrecarga de elementos suntuosos: joyas, pero también, pieles, relojes, marcas, autos.
El goce del cultor del bling bling no se encuentra en el espejo, sino en el reflejo que adivina en los ojos de los que lo envidian, que lo odian y lo desean.
El sonido del destello
El término bling bling es de origen jamaiquino y nace de una mezcla de sentidos. Sería la supuesta onomatopeya del sonido imaginario de las joyas al dar destellos de luz cuando brillan.
Esta moda fue impuesta en norte y Centroamérica de la mano de la música. La conquista latina estuvo a cargo de los referentes del reggaeton. Sin ser algo muy común en la Argentina, repasando videos en cualquiera de las insustanciales cadenas del sistema de cable, se puede ver y escuchar el bling bling de Daddy Yankee, Don Omar, Tego Calderon, Luny Tunes y La Secta, entre otros.
Pisó fuerte entre los fanáticos del hip hop, especialmente en los raperos de estilo gangsta que se cargaban de oro, brillantes y platino, y a veces se cargaban entre ellos.
Por ese barrio, el uso de joyas y el estilo estridente en todo sentido ha sido símbolo de estatus entre músicos enfrentados, que, incluso, en algún momento dejaron de lado la guerra dialéctica para dirimir diferencias con disparos.
Diamantes de sangre
Aunque la mayoría de los hiphoperos son un muestrario andante de collares, anillos, aros y pulseras, se han escuchado algunas voces en contra.
En “Bling: Consecuencias y repercusiones”, el que tomó posición fue Chuck D, de Public Enemy, quien denunció que “los diamantes usados en la estética bling son frecuentemente diamantes de guerra que financian guerras y matanzas en varios países de África”.
La etnia que celebra adornando sus cuerpos es la misma que paga con su carne las atrocidades de los traficantes de diamantes.
El término ahora también es empleado en el mundo automotor. Es otra de las formas de llamar al tunning. Casi no hay diferencias, vos podés elegir llenarte de accesorios o hacerlo con tu auto. ¡Si querés ostentar, ostentá!
La boca por asalto (Recuadro)
Como la piel era una geografía limitada para llenarla de joyas, la moda del bling bling también tomó por asalto las bocas.
Músicos y fanáticos han decidido retomar la costumbre que caracterizaba a los gitanos y ahora se “enchulan” la dentadura.
Esta nueva moda incluye dibujos, placas de diamantes y skyce o piercings dental. Si antes casi era una muestra de la posición social carcajear una buena dentadura, ahora hará falta que en la risa destellen los brillantes.
Oro, platino y diamantes han pasado a ser elementos comunes en algunos consultorios dentales. Para instalar detalles en oro hay que desgastar el diente, hacer un pequeño orificio y rellenarlo.
El bling bling dental tiene entre sus figuras a los raperos Method Man de Wu Tang Clan o Lil' John. Como no les alcanzaba con el metal que tenían se pusieron más heavies y decidieron recubrir su dentadura con placas hechas de oro, platino o diamantes.
Esta nueva tendencia consiste en fabricar a la medida fundas muy delgadas que recubren la totalidad de los dientes, dando la impresión de poseer dientes completamente de metal.
Nota publicada en la revista de joyas 18k (Diciembre 2007)
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viernes, 8 de febrero de 2008
Salvador Dalí, creador de joyas únicas
El surrealismo no sólo modificó la manera de interpretar y producir pinturas, esculturas, películas y otras esferas del arte, también, para disgusto de los más fanáticos, fue inspirador de piezas únicas en el mundo del diseño. Y en él, las joyas no podían estar exentas.
Entre sus figuras principales, fue el genial Salvador Dalí el que ahondó en esta veta del surrealismo. En la búsqueda del absoluto, que implicaría la “dalinización” de la realidad, el artista español incursionó en la moda, la publicidad, la decoración y, por supuesto, las joyas
En 1941, André Breton, autor del manifiesto surrealista, le dedicó a Dali el anagrama "Avida Dollars" atacando su codicia, poniendo en evidencia la pasión desorbitada del pintor por el dinero. Dalí era un devorador, un tipo cuya ambición no tenía límites a la hora de nutrirse para crear sus obras. También se apropió del insulto de Breton, lo usó como sobrenombre y lo explotó para hacer más grande su figura.
1941 también es el año de partida de la colección de joyas que el creador de “El gran masturbador” diseñó y que hoy forman parte de la exposición permanente en la Fundación Gala-Salvador Dalí.
Esta muestra incluye las treinta y siete joyas de oro y piedras preciosas de la colección Owen Cheatham, dos joyas realizadas posteriormente, y los veintisiete dibujos y pinturas sobre papel que Dalí realizó para diseñar las joyas.
El método
De acuerdo a los especialistas en su trabajo, Salvador Dalí realizaba los diseños de las piezas sobre papel, con todo tipo de detalles y gran precisión de formas, materiales y colores, y la confección en Nueva York iba a cargo del equipo del orfebre argentino Carlos Alemany bajo la supervisión del artista.
Las piezas finales no son la obra de un diseñador más, son el resultado del talento creativo de uno de los artistas más grandes del siglo XX, Dalí trasforma adornos en objetos surrealistas.
El español seleccionaba personalmente los materiales con los cuales se iban a confeccionar las joyas y dedicaba largas horas al diseño de sus pequeñas obras de arte. Las piezas de la colección son ejemplares únicos, realizados con oro, platino, piedras preciosas (diamantes, rubíes, esmeraldas, zafiros, aguamarinas, topacios), perlas, corales, y otros materiales nobles que se combinaron para dar forma a corazones, labios, ojos, formas vegetales y animales, símbolos religiosos, mitológicos, y formas antropomorfas.
Dar vida
“Sin una audiencia, sin la presencia de espectadores, estas joyas no alcanzarían la función para la cual fueron creadas. El espectador, por tanto, es el artista final. Su vista, corazón, mente—con una mayor o menor capacidad para entender la intención del creador—da vida a las joyas”,
La idea de Salvador Dalí resume su búsqueda. Pese a las acusaciones (acertadas, por cierto) de haber comercializado el surrelalismo, su concepto a la hora de crear las joyas es el mismo que tuvo para otras obras de arte. Y en la belleza, en el diseño único de esas pequeñas esculturas surrealistas, el genio español también plasmó su onírica visión del mundo.
Planeta Dalí
"En Dalí, el mundo de las joyas no representa una derivación hacia mundos ornamentales o decorativos, sino todo lo contrario, ya que para él lo más importante es el arte cognoscitivo y convierte, por tanto, en cognoscitiva una función que era casi exclusivamente ornamental", Antoni Pitxot, pintor y amigo de Dalí.
Diseños y nombres particulares
Entre las piezas expuestas en el Teatro-Museo Dalí de Figueras se encuentran
“El ojo del tiempo” (Platino, rubí y diamantes), “El árbol de la vida” (Oro, diamantes y zafiros), “La persistencia de la memoria” (Oro y diamantes), “El corazón del panal de miel”, “El corazón real” (Oro, rubíes, zafiros, esmeraldas, aguamarinas, peridotos, granates, amatistas, diamantes y perlas), “El elefante del espacio”, los broches “Estrella de mar” y los “Labios de rubí”, en los que Salvador Dalí utilizó oro de 18 quilates, rubíes y perlas.
Las joyas pasaron por varias manos hasta que volvieron a sus orígenes y actualmente se encuentran en la Fundación Gala-Salvador Dalí, que tiene sede en Figueres, lugar de nacimiento del artista español.
Nota publicada en la revista de joyas 18k (Diciembre 2007)
Entre sus figuras principales, fue el genial Salvador Dalí el que ahondó en esta veta del surrealismo. En la búsqueda del absoluto, que implicaría la “dalinización” de la realidad, el artista español incursionó en la moda, la publicidad, la decoración y, por supuesto, las joyas
En 1941, André Breton, autor del manifiesto surrealista, le dedicó a Dali el anagrama "Avida Dollars" atacando su codicia, poniendo en evidencia la pasión desorbitada del pintor por el dinero. Dalí era un devorador, un tipo cuya ambición no tenía límites a la hora de nutrirse para crear sus obras. También se apropió del insulto de Breton, lo usó como sobrenombre y lo explotó para hacer más grande su figura.
1941 también es el año de partida de la colección de joyas que el creador de “El gran masturbador” diseñó y que hoy forman parte de la exposición permanente en la Fundación Gala-Salvador Dalí.
Esta muestra incluye las treinta y siete joyas de oro y piedras preciosas de la colección Owen Cheatham, dos joyas realizadas posteriormente, y los veintisiete dibujos y pinturas sobre papel que Dalí realizó para diseñar las joyas.
El método
De acuerdo a los especialistas en su trabajo, Salvador Dalí realizaba los diseños de las piezas sobre papel, con todo tipo de detalles y gran precisión de formas, materiales y colores, y la confección en Nueva York iba a cargo del equipo del orfebre argentino Carlos Alemany bajo la supervisión del artista.
Las piezas finales no son la obra de un diseñador más, son el resultado del talento creativo de uno de los artistas más grandes del siglo XX, Dalí trasforma adornos en objetos surrealistas.
El español seleccionaba personalmente los materiales con los cuales se iban a confeccionar las joyas y dedicaba largas horas al diseño de sus pequeñas obras de arte. Las piezas de la colección son ejemplares únicos, realizados con oro, platino, piedras preciosas (diamantes, rubíes, esmeraldas, zafiros, aguamarinas, topacios), perlas, corales, y otros materiales nobles que se combinaron para dar forma a corazones, labios, ojos, formas vegetales y animales, símbolos religiosos, mitológicos, y formas antropomorfas.
Dar vida
“Sin una audiencia, sin la presencia de espectadores, estas joyas no alcanzarían la función para la cual fueron creadas. El espectador, por tanto, es el artista final. Su vista, corazón, mente—con una mayor o menor capacidad para entender la intención del creador—da vida a las joyas”,
La idea de Salvador Dalí resume su búsqueda. Pese a las acusaciones (acertadas, por cierto) de haber comercializado el surrelalismo, su concepto a la hora de crear las joyas es el mismo que tuvo para otras obras de arte. Y en la belleza, en el diseño único de esas pequeñas esculturas surrealistas, el genio español también plasmó su onírica visión del mundo.
Planeta Dalí
"En Dalí, el mundo de las joyas no representa una derivación hacia mundos ornamentales o decorativos, sino todo lo contrario, ya que para él lo más importante es el arte cognoscitivo y convierte, por tanto, en cognoscitiva una función que era casi exclusivamente ornamental", Antoni Pitxot, pintor y amigo de Dalí.
Diseños y nombres particulares
Entre las piezas expuestas en el Teatro-Museo Dalí de Figueras se encuentran
“El ojo del tiempo” (Platino, rubí y diamantes), “El árbol de la vida” (Oro, diamantes y zafiros), “La persistencia de la memoria” (Oro y diamantes), “El corazón del panal de miel”, “El corazón real” (Oro, rubíes, zafiros, esmeraldas, aguamarinas, peridotos, granates, amatistas, diamantes y perlas), “El elefante del espacio”, los broches “Estrella de mar” y los “Labios de rubí”, en los que Salvador Dalí utilizó oro de 18 quilates, rubíes y perlas.
Las joyas pasaron por varias manos hasta que volvieron a sus orígenes y actualmente se encuentran en la Fundación Gala-Salvador Dalí, que tiene sede en Figueres, lugar de nacimiento del artista español.
Nota publicada en la revista de joyas 18k (Diciembre 2007)
Huygens: El hombre que midió los segundos
¿Quién no tuvo en su casa un reloj de péndulo? Mmmnn, tal vez muchos no lo hayan tenido. Bueno, ¿quién no tuvo alguna vez un pariente o un amigo que tuviera un reloj de péndulo? Y… un huérfano sin amigos, por ejemplo. A ver si nos ponemos de acuerdo, ¿quién aunque sea una vez en la vida no vio, al menos de pasada, una película, nacional o extranjera, en la que, en segundo o tercer plano, se alcanzara a ver un reloj de péndulo?
Al fin nos entendemos. Y todo para contar que ese péndulo tiene antecesores de más de 360 años y que por ahí andaba nada menos que cierto personaje llamado Galileo Galilei.
Una calurosa tarde de agosto de 1641, Galileo, el mismo que fue perseguido por la iglesia, concibió el principio de las oscilaciones del péndulo.
Sus estudios fueron fundamentales para que otro (a veces pasa) desarrollara un proyecto que iba a cambiar radicalmente la forma de medir el tiempo.
La revolución de las agujas
Dieciséis años pasaron hasta que Christian Huygens finalmente construyó el primer reloj mecánico de péndulo y lo presentó ante el gobierno de Holanda. 1657 fue el año en el que tuvo lugar la revolución relojera.
Como se puede advertir a simple vista el péndulo es un sistema mecánico muy sencillo que se mueve con una frecuencia constante. Esta constancia la utilizó Christian Huygens para servir de referencia a los relojes.
La importancia del reloj de péndulo radica en que por primera vez en la historia, a mediados del siglo XVII, hubo un mecanismo para medir el tiempo con una precisión que permitía contabilizar los segundos.
Se especula que ya hacía cuatro siglos que una forma primitiva de estos mecanismos era construida, aunque sin la precisión que se alcanzó a partir del descubrimiento de Huygens.
En busca del tiempo total
En el revolucionario reloj de péndulo la energía de funcionamiento la proporcionaban unas pesas, el péndulo dejaba escapar un diente de una rueda cada vez que batía y giraba marcando el tiempo. El invento se popularizó en buena parte de Europa y por entonces apareció la segunda manecilla de los relojes que contaba los minutos.
La búsqueda de la precisión hizo que pudieran medirse con exactitud los 60 minutos de cada hora y hasta los 60 segundos de cada minuto. Con este mecanismo, se logró reducir a un minuto por semana la diferencia en las mediciones.
De esta forma, se acababan definitivamente las horas temporales, los cálculos a ojo y las excusas por las llegadas tarde, aunque, en rigor de verdad, éstas sobrevivieron a todas las épocas.
Holandés inquieto, Christian Huygens pasó horas sumergido en libros, viendo oscilar péndulos, haciendo cálculos, tallando lentes para telescopios. Aun antes de que la famosa manzana despertara en Isaac Newton la ley de la gravedad, el hombre-péndulo ya había encontrado cierta forma primitiva de tratar la gravedad como una aceleración basándose en trabajos anteriores de Hooke y Descartes.
Huygens plasmó sus estudios en tratados acerca de los péndulos y sus oscilaciones, que sirvieron para ahondar en el tema.
Reconocido como el creador de los relojes de péndulo y como un innovador en varios campos de la ciencia, en su honor la sonda de exploración de Titán la mayor luna de Saturno) llevó su nombre.
Lejos de Saturno, en esa casa en la que hay un reloj con un péndulo, vive un poco de Huygens, pero sólo un poco porque si frenás el péndulo (travesura infantil inevitable) las agujas seguirán girando. La modernidad trajo las pilas y el péndulo pasó a ser un elemento decorativo más en la estética del tiempo.
Nota publicada en la revista de joyas 18k (Diciembre 2007)
Al fin nos entendemos. Y todo para contar que ese péndulo tiene antecesores de más de 360 años y que por ahí andaba nada menos que cierto personaje llamado Galileo Galilei.
Una calurosa tarde de agosto de 1641, Galileo, el mismo que fue perseguido por la iglesia, concibió el principio de las oscilaciones del péndulo.
Sus estudios fueron fundamentales para que otro (a veces pasa) desarrollara un proyecto que iba a cambiar radicalmente la forma de medir el tiempo.
La revolución de las agujas
Dieciséis años pasaron hasta que Christian Huygens finalmente construyó el primer reloj mecánico de péndulo y lo presentó ante el gobierno de Holanda. 1657 fue el año en el que tuvo lugar la revolución relojera.
Como se puede advertir a simple vista el péndulo es un sistema mecánico muy sencillo que se mueve con una frecuencia constante. Esta constancia la utilizó Christian Huygens para servir de referencia a los relojes.
La importancia del reloj de péndulo radica en que por primera vez en la historia, a mediados del siglo XVII, hubo un mecanismo para medir el tiempo con una precisión que permitía contabilizar los segundos.
Se especula que ya hacía cuatro siglos que una forma primitiva de estos mecanismos era construida, aunque sin la precisión que se alcanzó a partir del descubrimiento de Huygens.
En busca del tiempo total
En el revolucionario reloj de péndulo la energía de funcionamiento la proporcionaban unas pesas, el péndulo dejaba escapar un diente de una rueda cada vez que batía y giraba marcando el tiempo. El invento se popularizó en buena parte de Europa y por entonces apareció la segunda manecilla de los relojes que contaba los minutos.
La búsqueda de la precisión hizo que pudieran medirse con exactitud los 60 minutos de cada hora y hasta los 60 segundos de cada minuto. Con este mecanismo, se logró reducir a un minuto por semana la diferencia en las mediciones.
De esta forma, se acababan definitivamente las horas temporales, los cálculos a ojo y las excusas por las llegadas tarde, aunque, en rigor de verdad, éstas sobrevivieron a todas las épocas.
Holandés inquieto, Christian Huygens pasó horas sumergido en libros, viendo oscilar péndulos, haciendo cálculos, tallando lentes para telescopios. Aun antes de que la famosa manzana despertara en Isaac Newton la ley de la gravedad, el hombre-péndulo ya había encontrado cierta forma primitiva de tratar la gravedad como una aceleración basándose en trabajos anteriores de Hooke y Descartes.
Huygens plasmó sus estudios en tratados acerca de los péndulos y sus oscilaciones, que sirvieron para ahondar en el tema.
Reconocido como el creador de los relojes de péndulo y como un innovador en varios campos de la ciencia, en su honor la sonda de exploración de Titán la mayor luna de Saturno) llevó su nombre.
Lejos de Saturno, en esa casa en la que hay un reloj con un péndulo, vive un poco de Huygens, pero sólo un poco porque si frenás el péndulo (travesura infantil inevitable) las agujas seguirán girando. La modernidad trajo las pilas y el péndulo pasó a ser un elemento decorativo más en la estética del tiempo.
Nota publicada en la revista de joyas 18k (Diciembre 2007)
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